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Acababa el ano 1573 y Flandes era un avispero. El duque de Alba, con sus implacables politicas, habia sido incapaz de sofocar la revuelta que incendiaba los Paises Bajos y Felipe II envio a Bruselas a Luis de Requesens para sustituirlo como gobernador general. Constituyo el reto mas dificil de su larga carrera al servicio de la Monarquia Hispanica, en la que, con el titulo de lugarteniente general de la Mar, habia sido la mano derecha de don Juan de Austria en los asuntos mediterraneos, sofocado la revuelta morisca de las Alpujarras y dirigido la victoriosa flota cristiana en la batalla de Lepanto. Pero Flandes era otra historia. Alli se encontro con lo que Alba dejaba atras: una revuelta calvinista asentada y convencida, ciudades asediadas por socorrer y un ejercito descomunal que apenas podia pagarse. Su politica debia distar del castigo del duque y gobernarse con blandura cuando la ocasion lo permitiera, sin embargo, tras el temprano fracaso del perdon general, quedo la guerra, siempre la guerra. Bajo su mando, algunos de los mejores militares espanoles del momento coroneles o maestres de campo tan bregados como Cristobal de Mondragon, Julian Romero, Sancho Davila y los temibles tercios trataron de imponerse a los rebeldes. Inviable la via de la blandura, todo quedo resumido en la atroz disyuntiva de anegar o quemar, agua o fuego. La intensidad del conflicto hizo que se viviera en Flandes la experiencia total de la guerra: sitios brutales como Midelburgo, Leiden o Zierikzee , las glorias de la batalla terrestre y las pesadumbres de la superioridad naval enemiga, motines explosivos, deuda endemica e incluso conversaciones de paz con los rebeldes sin esperanza de exito. Tras Es necesario castigo. El duque de Alba y la revuelta de Flandes, de Alex Claramunt, el libro Agua o fuego, de Victor Jurado Riba, nos sumerge en ese avispero endiablado goberno y combatio Luis de Requesens, un Flandes brutal que primero se llevo su esperanza y, luego, su vida. La furia espanola , el terrible saqueo de Amberes, fue epitafio del fracaso de un hombre que, pese a todo, lucho, con agua y fuego, pero contra viento y marea, por su rey.
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